lunes, 14 de marzo de 2022

 


Introducción:

 

Madrid, como ya sabréis, se origina en un punto sobre la terraza del Manzanares allá por el siglo IX, tras la toma del villorrio árabe por los cristianos del norte.

Pero esto no acaba así.

Los grupos cristianos fueron llegando a la neonata Majêrit, de todas partes a medida que las tierras mozárabes eran tomadas por los nobles visigodos que procedían de dominios cántabras y astures.

Avanzaban al centro con sus pertenencias y modos de vida para instalarse en unos territorios en los que se podía empezar de nuevo pues no estaban organizados concejilmente ni mucho menos poblados. Solo quedaban algunas familias que no habían sido expulsadas por los cristianos y se instalaron más abajo del Alcázar árabe, en el cauce del río más grande. llamado en esos momentos Guadarrama y posteriormente Manzanares (1).

Alrededor del viejo fortín se instalan viviendas, más o menos depauperadas que evolucionan en dirección al este, formando calles, más o menos estrechas, al estilo medieval.

          
Calle medieval

 De este modo, cruzando barrancos y riachuelos, montones y arenales, surge, en un primer momento, la añeja Calle de las Platerías que posteriormente sería la Calle Mayor.

Mientras Majêrit fue una villa medieval con sus usos y costumbres, las calles no eran una preocupación en base a su suntuosidad. Cuando venía un magnatario, un príncipe o rey, las calles se adecentaban, se limpiaban y ponían decorosas.

Las visitas de Enrique IV y posteriores de los Reyes Católicos supusieron una mejora urbana considerable en algunas zonas donde podían verse casas de cierta prestancia, empedrado, limpieza, arreglo de puertas y fachadas.

Esta zona de arranque medieval contó con comercios y mercados y fue la entrada majestuosa para las reinas castellanas y todos los demás boatos.

Mientras tanto la Calle de Atocha ni siquiera era una calle sino un camino polvoriento que llevaban a la ermita del mismo nombre.

 ×      La Calle de Atocha.

En el inicio de la calle hubo una laguna semejante a la de los Lujanes, hoy Plaza Mayor aunque más pequeña, que fue desecándose por el uso urbano. Se instalaron casas de mayor o menor fortuna y se tomó la plazuela de la Santa Cruz, a partir del siglo XV, para mercado.

Su nombre proviene del camino, que antaño entre espartos,23​ olivares y cañizares, llevaba a la antigua ermita de la Virgen de Atocha.

El sendero se encontraba en la época de los Austrias rodeado a ambos lados de numerosos hospitales, casas de recogida, ermitas, humilladeros y conventos.

Comenzaba en la Plaza de la Santa Cruz formando parte del arrabal, a la derecha de la Plaza Mayor.

En tiempos de Carlos V empieza a urbanizarse con fuerza.

El rey hizo grandes cesiones de terreno y el Ayuntamiento también,

Resultaba imprescindible, además adecentar el camino al santuario de la Virgen de Atocha pues la gente desarrolló una gran devoción y con frecuencia se hacían rogatorias y procesiones.

Parece que la calle gustaba. Era ancha y bien arreglada y algunos nobles y gentes de lugar con posibles, decidieron levantar buenas viviendas e instituciones que se convertirán en las más opulentas y principales de la Villa.

Don Luis Manrique de Lara, al servicio del rey Felipe II, funda en 1560 un convento de recogidas bajo la advocación de Nuestra Señora de Loreto donde podían protegerse aquellas mujeres de vida trasnochada que se arrepintieran de sus pecados.    IMG

Las instituciones para mujeres estaban siempre dentro del casco urbano, protegidas de las sorpresas que podían tener en las afueras. No existía diferencia entre convento femenino y colegio pues la educación para las niñas se basaba en las tareas domésticas, la labores y los rezos.

Se construyó la casa de niñas desamparadas para huérfanas ente 6 y 10 y una segunda casa más tarde, dada la cantidad excesiva de huérfanos que había, más grande y espectacular bajo el nombre de la Magdalena.    

Colegio-convento de la Magdalena. 
Derribado en el siglo XVII

También levantaron sus casas-palacio otras personalidades importantes como Marcus Függer que se mantendría más de un siglo, los duques de Maceda, los de las Torres o los de Monterrey entre otros.      

Los Fugger, a los que los madrileños les bautizaron como “Los Fúcares”, fueron una de las familias de la burguesía emergente del Viejo Continente, que se enriquecieron desde la Baja Edad Media a raíz del nacimiento del capitalismo y el comercio a gran escala.

Aplicaron los principios de diversificación económica, estableciendo comercio de alimentos, objetos de lujos, tela, armas, banca, …

Jacob Függer financió la elección del Carlos V como Emperador, luego Markus lo haría con la Contrarreforma y la mayoría de los fletes de la conquista de América.

La importancia de esta familia es enorme en la Historia Moderna.

Su visión de la economía puede reconocerse como más actual que la moderna y la medieval, anquilosada y ahogada en su propia organización.

Diversificaron sus empresas para evitar el peligro típico de la época: la bancarrota pues con una empresa de metalurgia podía sostener otra de importación mientras duraba la crisis.

Se les consideró como el linaje más rico del mundo.

 

×      Algo que define la calle: el Hospital General

 Es Isabel la Católica quien establece un primer hospital-convento para peregrinos, pobres y enfermos en Santiago de Compostela.

A partir de este momento la Reina desarrollará una labor sanitaria muy importante que culminará en el Hospital de Granada, Valencia y Zaragoza.

La cantidad de enfermos de todo tipo rebosaba por completo cualquier hospital o convento que se levantara en una ciudad.

Pero será Beatriz Galindo quien continuará su obra en Madrid con un hospital para hombres de solo 12 plazas en la Pza. de la Cebada que eran terrenos de su propiedad.

El pequeño hospital daba a una plaza grande y ventilada donde se realizaba el mercado de cereales de la Villa.

Inmediatamente quedó obsoleto y hubo que lanzarse a hacer otro, más completo que incluyera todos los adelantos de la época y que estuviese bien ubicado.

Felipe II estaba preocupado por las epidemias que se reproducían estacionalmente en la ciudad. Y no solo eso: las intoxicaciones, los cólicos miserere[1],  los catarros que acababan en neumonía, y otros tantos y tantos males que rondaban al hombrecillo de la calle.    Decidió hacer algo más contundente que ampliara la atención, condensando los servicios sanitarios que pudo en un solo edificio al que llamó Hospital General.

El hospital general desarrolló sistemas de curación algo más avanzado
para su época. La edificación fue remplazada por otra más funcional
en el siglo XIX.

Lo mandó hacer en una zona famosa por sus otros hospitales y actividades protectoras: al final de la calle Atocha, frente a un enorme espacio libre y ventilado, donde no corrieran las apestosas aguas fecales ni flotaran en ella los animales muertos o corrieran cerdos, ovejas, vacas y cabras y, por supuesto las menos ratas posibles.

Esta calle no estuvo muy poblada de grandes palacios tampoco lo estuvieron otras calles madrileñas, pero sí de edificios singulares que le dieron prestigio y una estética. 

En un principio se pensó en que pudiera servir para los actos de boato y fanfarrias de la Corte, pero sólo recibió actos de menor alcurnia. Solo con ocasión de las obras en la Plaza la Calle Mayor  se llevaron estos actos.

Nada podía sustituir a la solera de la Calle Mayor.



 

 

 

 

 

 

 

 

 

§  Bibliografía:

1.      Navascués Palacio, Pedro (1979). «Introducción al Desarrollo Urbano de Madrid hasta 1830»Madrid, testimonios de su historiaMuseo Municipal. p. 17.

2.    Simón Palmer, María del Carmen, (1978), El Colegio de niños desamparados de Madrid, Anales del Instituto de Estudios Madrileños XV: 73-84

    1.  Carmen Rubio Pardos, (1977), La calle de Atocha, Anales del Instituto de Estudios Madrileños, Vol. IX.

3.     Gema Martínez Galindo, (2002), Galerianas, corrigendas y presas: nacimiento y consolidación de las cárceles de mujeres en España, 1608-1913, Madrid, Ed.

4.    Entrada de la reina Ana en 1570. Cruz Valdovinos. AIEM 1990 nº 28.

5.    Las calles de Madrid en 1624. J. Corral. AIEM 1973.

6.    Imágenes todas de Internet.



[1] El cólico miserere era el apendicitis que era mortal al 100% en esa época.

 













miércoles, 8 de diciembre de 2021

 





I.            
AL MEJOR SERVICIO DEL REY: PAJES Y MENINOS.

 1)      Introducción: prestigio y protocolo.
2)      La cultura y formación. Renacimiento hasta el Barroco:  los Estudios de la Villa, el Colegio de los Franciscanos y el Colegio Imperial de los Jesuitas.
3)      Una carrera cortesana: De pajes a meninos.

 

 1)      Introducción: prestigio y protocolo.

El protocolo es un lenguaje no verbal que sitúa a cada uno de los cortesanos en el lugar y la actitud correspondiente en relación con el rey y a los demás cortesanos.

De esta manera incide en la estampa que los demás tienen del mismo y del lugar que ocupa entre los demás mortales a la vez del sitio que te define.

Para realizar una parte de este protocolo se hacen extremadamente necesarios los pajes que servirían en las cuestiones más mínimas, a los nobles encargados del aparato aristócrata y a la monarquía.

Para componer este cuerpo se requirió a los hijos de la nobleza que recibirían una educación selecta, primero en los Estudios de la villa

En castilla hubo varios sistemas de ceremonial más o menos rígidos.

En el siglo XVI se tomó un sistema protocolario conocido como Etiqueta Borgoñona. Se puso en práctica durante una comida ofrecida al futuro Felipe II en Valladolid en 1554.

Hasta entonces se imponía el modelo mucho más serio y estirado: el protocolo castellano, vigente desde la Edad Media.

Hasta mediados del siglo XVI se mantuvo la etiqueta castellana, que resultaba muy pesada y demasiado austera.

La sociedad había cambiado, en formas y en mentalidad por lo que se hacía imprescindible una reforma profunda.

Combinar ambas etiquetas y contentar a todos los cortesanos consiguiendo que no se mataran, fue una labor de encaje de bolillos pero, despacio y por partidas, se consiguió.

Muchas cosas se modificaron, entre otras el funcionamiento de la Corte y sus tareas las cuales debían ser más rápidas, y eficaces y mucho más impactantes al exterior.

¿Porqué se decidió Carlos v por este sistema?

El Emperador se había criado en Gante donde también había nacido y no le eran extrañas ciertas actitudes. A la vez este sistema tenía algo de medieval cuya mentalidad conservaba en gran medida el propio César. Igualmente vivía en Castilla el príncipe Felipe, hijo del anterior, que pasaría a ser rey como sucesor suyo.

Después de muchos ensayos, modificaciones, consultas de todo tipo se seleccionó una cena en el Valladolid de 1554 para poner en funcionamiento la etiqueta Borgoñona. Mas ligera que la anterior a pesar de haber aumentado considerablemente el número de asistentes, se tomó la regla Borgoñona definitivamente como de mayor elegancia, espectacularidad y boato, mucho más de satisfacer las vanidades de los envidiosos Condes, Duques, Marqueses y un montón de ilustres, postineros y presuntuosos, en los actos, discursos, juramentos, agasajos y festejos tan frecuente en esos tiempos.

La celebración de Valladolid fue un éxito.

  • El banquete de Valladolid fue un éxito.
  • Hubo comentarios hacia las nuevas formas más vistosas y alegres.


Para completar la grandiosidad de este ceremonial se hacia imprescindible la incorporación al servicio de la Corte, de un buen número de servidores que acometieran las nuevas tareas que surgieron de la reforma del sistema medieval anterior.

2)     2  La cultura y formación. Renacimiento hasta el Barroco:  los Estudios de la Villa, el Colegio de los Franciscanos y el Colegio Imperial de los Jesuitas.

Pero ¿Qué era es un paje? ¿y un escudero?

Es un joven perteneciente a la más alta aristocracia que resulta seleccionado para el servicio real para lo que se integraban a través de la Casa de los pajes en el Alcázar. A partir de aquí recibían una formación específica que les llevaría a ocupar los más selectos puestos en la Administración y en los países más lejanos del mundo.

Los nobles también lucían una Corte en miniatura y tenían sus pajes que debían se hidalgos como poco y tener una misma formación.

Con los escuderos sucedía lo mismo.


El escudero se ocupaba del estado del escudo.
Acompañaban al noble o al rey para llevar su escudo cuando no había guerra ni batalla alguna y les ayudaban en los campos de batalla, proporcionándoles armas y aperos de guerra cuando estos se rompían o los arrebataba el enemigo. También ayudaban a transportar a los heridos y en las curas con el físico.

Tanto unos como otros surgieron en la Edad Media y tuvieron pocos cambios. Solo lo hicieron cuando la Corte lo precisó, bien por necesidades, por crecimiento o modernización de esta.

Ingresaban alrededor de los 10-11 años y cambiaban de puesto hacía los 14 para ocupar los cargos que les fueran asignados a través de sus tutores, ya fuera de escudero o a continuar su formación en el Colegio Imperial los más nobles o los más aplicados.

Hay que decir que solo se admitían varones pues, como ya sabemos todos, la poquísima educación que recibían las mujeres se impartía en casa y se limitaba, salvo escasas excepciones, a las labores domésticas y, muy de vez en vez, a leer, escribir y las cuatro reglas de la aritmética.

Alguna mujer superó estas condiciones y aprendió latín, a tocar algún instrumento o a escribir algún verso.

Los pajes se integraron con facilidad tanto en la Casa, como en los Estudios de la Villa el Colegio Imperial pero hubo un problema relacionado con el status pues en los Estudios de la Villa se admitía a todo tipo de personas, desde pecheros, fabricantes, comerciantes,… hasta muchachos de la calle si era menester por lo que algunos nobles se sintieron menospreciados y sacaron a sus hijos para matricularlos en el Colegio franciscano que tenía el acceso restringido.

los Estudios de la Villa. Algo más abajo vivía
 don Nicolás de Perttusatto con su hermano Pedro, marchante de Arte.
Nicolás era asistente de la Reina Mariana de Austria.

Con los cambios sociales sobrevenidos, la necesidad de adquirir una mínima cultura por lo que se fundaron varios
colegios, regidos por cura o por prelados que impartían clases de gramática y/o matemáticas.

×       Los estudios de la Villa y el Colegio franciscano.

Así aparecen otros institutos o seminarios de más o menos fortuna didáctica.   

A inicios del XVII el rey Felipe IV mandó cerrarlos y ordenó que, junto con el Estudio de la Villa, se integraran en el Colegio Imperial de los jesuitas cuyas enseñanzas estaban más a la costumbre europea.  

  • San Francisco, gran Basílica,  pertenecía a San Fco de Asís. Fue derribada
  • y reedificada en el siglo XVII,

Fundado por Alfonso XI en 1348 y dotado por Isabel la Católica junto a su hija Juana, terminó su gloriosa existencia en 1619.     

Los Estudios y los Franciscanos cerraron. Los plebeyos marcharon a otros institutos con más o menos fortuna para luego partir a Salamanca a concluir su formación.

Los mejor situados socialmente se instalaron en el resplandeciente Colegio Imperial de la Calle Toledo.

Aquí termina la enseñanza municipal que dará paso a otra bien diferenciada y de corte elitista.

×       El Colegio Imperial de los Jesuitas.

Desde tiempo atrás, tanto Carlos V como Felipe II habían meditado sobre la situación socio-cultural del Reino, concluyendo que resultaba muy medievalizante todavía, mientras que, otros reinos de Europa mantenían un nivel más algo.

Juntar en los Estudios de la Villa a zagales pecheros con los retoños más pimpantes de la incipiente burguesía  con los hijuelos, supuestamente, mejor dotados de la alta nobleza, recibiendo idéntica formación con lo que no podría distinguirse unos de otros, producía unos resultados ineficaces pues no podían distinguirse unos de otros en cuanto a habilidades.

Para mejorar la situación y dado que ambos reyes conocían a la compañía de San Ignacio de Loyola y consideraban su pedagogía superior a los Estudios, decidieron clausurar estos y, tras unas charlas con la dicha Compañía, levantar un colegio de corte elitista con una  enseñanza distinguida que incluyera las más modernas materias: matemáticas, astronomía, geografía, literatura, baile o danza, latín y griego, teología, … etc.

 No cabe duda alguna que el proyecto debería haberse organizado antes, pero las tareas de la Corte y las guerras europeas lo habían impedido. Es bien cierto que hubo conversaciones con los jesuitas que ya estaban viviendo en la Corte de los Avis en Portugal, por parte de miembros destacados de la Administración Real de los Austria, que desarrollarían posteriormente tan ambicioso proyecto.



Los jesuitas se introducen en España por medio de la Casa de la Princesa María Manuela de Avis que habría de casarse con el propio Felipe II.

1)      Una carrera cortesana: De pajes a meninos.

No hay que confundir los
pajes y los lacayos pues estos últimos encabezaban los desfiles, a lomos de mulas de montar, abriendo paso y llevando el escudo heráldico o la enseña de aquellos a quienes servían.

Los escuderos, por otro lado, fueron los encargados de llevar el escudo del aristócrata o el rey cuando no había batalla y caminaban junto al caballo. También mantenían limpio y brillante el escudo.

En ocasiones peleaban en las batallas, con el permiso de su señor, que si le había gustado su actuación, los  podían elevar al rango de caballero mediante una ceremonia muy preparada.

Hay que aclarar una cosa: servir al rey o a un señor de alto rango no era ofensivo sino una merced.

A veces se dio el caso que varios pajes, escuderos, etc. se habían peleado porque su Señor era más noble, más valiente, mejor bailarín, … que el del otro.

A partir del Renacimiento las monarquías adquirieron una mayor velocidad en su evolución social y las cosas cambiaban con más ágilmente por lo que había que ir modificando los protocolos con regularidad.

El servicio al rey, la reina y el Príncipe, en cualquiera de las áreas que componían la corte, no solo requería un conocimiento acreditado del oficio, era necesario el dominio de unas técnicas de conducta cortesana y la exaltación de una serie de valores, muy diferentes a los ideales caballerescos propios del medievo.

Para ello sería precisa la formación en letras, en las buenas costumbres, en la prudencia política. Eso se aprendía en el Colegio Imperial.

No se sabe cuándo aparece la figura de los pajes pero ya existían anteriormente, en época del pobre Príncipe Juan, hijo de Isabel I de Castilla, conocida como la Católica, que los fija en el discreto número 12 por cada Casa. 

Continúan en período Imperial, variando en cantidad, pero creciendo mucho. Algunas fuentes los fijan en 1000 lo cual creo un disparate si bien es cierto que fueron asumiendo los pajes al servicio de otros miembros de las monarquías según fueran falleciendo sus familiares o reformándose sus Casas.        


El Príncipe don Juan, hijo de Isabel al Católica, tuvo pajes y se cuenta con un
libro para su servicio.  En la próxima entrada que trata de este personaje, veremos en extenso su
existencia y personalidad.

Cuando los tiernos nobles infantes ingresan en la Casa de los Pajes, recibían un sueldo, nada escaso, más unos suculentos gajes.[1]

La Casa de los pajes la dirigía, al principio, el III Duque de Alba, Don Fernando Álvarez de Toledo, llamado el Grande.

A ella se incorporaban los hijos de las élites de los distintos reinos hispanos incluso de Italia como la prole de los 3 hijos del Duque de Módena y de Catalina-Micaela que vivía en la Corte madrileña desde pequeños y fueron acogidos por los reyes tras la muerte de su padre.        


Catalina-Micaela envió a dos de sus  hijos a que
se criaran en la catolicísima la Corte Castellana a la muerte de su padre.
también se hicieron pajes.

No será hasta Felipe II que, al establecer la Corte en Madrid en 1561, quiere organizar el reino de forma más moderna, al estilo de las Cortes europeas.

La puesta en marcha fue muy costosa y bastante secreta.

Su funcionamiento se adscribió a la Casa del Rey.

A inicios del siglo XVII, el Conde Duque fue nombrado Caballerizo Mayor con lo que pasó a dirigía la Casa de los Pajes acometiendo labores de reforma profunda en su funcionamiento en base de los cambios sociales que se habían producido y que los ideales medievales se disipaban como un azucarillo en el agua.

Olivares nunca paró en sus reforma políticas y sociales.    

×EEl antiguo memorial de fundación que tenía un tufillo medieval muy marcado, fue transformado, mediante uno de sus memoriales, hacia 1639 incluyendo nuevo modos.

A partir de ahora los futuros servidores se someterían a una férrea disciplina, muy del estilo de la Compañía de Jesús, mitad fe, mitad ejército.

Su objetivo era que los pajes tuvieran una educación práctica y distinguida, haciendo coincidir esta con el nivel del monarca.

Su esquema de estudios coincidía con otros programas europeos más innovadores.

Se dividía en 17 cátedras de estudios mayores, entre otros latines, filosofía, matemáticas, retórica, danza, esgrima, monta, modales, servicio de mesa, … etc.

Más adelante, en 1635, aumentó y mejoró el memorial de fundación con una ampliación que estuvo vigente hasta 1662.

Hacía los 14 años los muchachos dejaban los Estudios de la Villa y entraban al Colegio Imperial.

Allí se les daba jubones, zapatos, alzas y camisas, distribuidas por el ayo. Su alimentación estaba a cargo de la corona y eran servidos por criados.

Cada vez que salían a la calle lo hacían en grupo y acompañados del ayo o del del capellán

   Pedro Fernández de Velasco. Procedentes de Burgos y pertenecientes a la Casa de Velasco e hijo de Pedro Fernández de Velasco y de Beatriz Manrique de Lara. 

Fue el II conde de Haro, VI condestable de Castilla y camarero mayor del rey.

Trabajó como paje de Carlos hasta 1543.

Murió de la peste en Sevilla y sus restos descansan en la Capilla del Condestable de Burgos.

Es obra de los arquitectos Simón y Francisco de Colonia. Las esculturas son de Gil y diego de Siloé y Felipe Bigarny.

La figura de los pajes se inicia con Carlos V y eran 6 pasando a ser 24 con el primer memorial del Conde Duque, pero con el Felipe II se fijaron en mil. Su calidad social era la de “hijos de caballeros” como mínimo con lo que desaparecían los hijos de pechero, aunque fueran hidalgos.

Estos quedaban para otros menesteres que no serían menos importantes como al servicio de alguna Casa de nobles.

Ha existido un error grave, por dar las cosas por hechas y sabiendo que era poco coherente, al decir que los pajes vivían en las caballerizas, sobre los establos. Nada más herrado pues vivían cerca de las casas de los costiller, junto a los panatier.   


La Casa de los pajes  era un edificio bien diseñado y con todo lo necesario
para el entrenamiento de los muchachos. Con un horario estricto, salían a las Caballerizas A
para ejercitarse en hípica, recurso considerado imprescindible en la época.

Al igual que estos últimos, tenían el privilegio de entrar en la antecámara del rey.

Junto a los costilleres servían las comidas, meriendas y cenas, vestidos de uniforme, cuando el monarca iba al campo o salía de jornada.

En esas circunstancias utilizaban botas con espuelas.

El oficio de paje era el primero que ejercerían en su vida que, a partir de aquí, evolucionaria en otras[2] tareas.

Al frente de los pajes se colocaba el ayo al que se conocía como “el mozo de los pajes”.

Aunque tenían caballo, y en Castilla o Flandes la cultura de la caballería gozaba de un gran prestigio, se consideraban de menor categoría social que los pajes, no obstante, fueran hidalgos.

Tras finalizar su oficio como pajes pasaban a ser meninos.

También desarrollaban estas formas cortesanas los Príncipes, las Reinas y las Infantas, solo que estas dos últimas se servían de Meninas y luego, de Damas,

Estos temas los trataré en la siguiente Entrada.

 

 

 

 


 



[1] Los gajes eran lo que hoy conocemos como dietas y consistían en todo tipo de cosas: complementos en dinero, ropa, zapatos o botas, alimentos, objetos, …. Etc. incluso joyas.

[2] Recuérdese que, cualquier oficio palatino precisaba un certificado de Limpieza de Sangre.




Bibliografía:

ü  Carlos GÓMEZ-CENTURIÓN JIMÉNEZ, “La herencia de Borgoña: El ceremonial real y las casas reales en la España de los Austrias” (1548-1701).

ü  ORTEGA VIDAL, Javier; MARÍN PERELLÓN, Francisco José, «La conformación del Colegio Imperial de Madrid (1560 -1767)», Anales del Instituto de Estudios Madrileños (Madrid), LIII (2013)

ü  BARBEITO, J.M., El alcázar de Madrid. Madrid, 1992, pp. 56-62; GALÁN DOMINGO., E., “De las Reales Caballerizas a la Colección de Carruajes del Patrimonio Nacional”

ü  HERNANDO SÁNCHEZ, C.J., “La cultura ecuestre en la corte de Felipe II” MARTÍNEZ MILLÁN, J. y FERNÁNDEZ CONTI, S.  La Monarquía de Felipe II. La Casa del Rey. Madrid, 2005.

ü  ANÓNIMO. “Minutas de los linajes de España”. BNM.


  • ü  H. Peñasco y C. Cambronero. Las calles de Madrid. Madrid 1889.
  • ü  M. Montero Vallejo. Madrid musulmán, cristiano y bajo medieval. Ed. Avapiés. Madrid 1990.
  • ü  M. Montero Vallejo. Origen de las calles de Madrid. Ed. Lavapiés. Madrid 1995.
  • ü  COAM. Guía de Arquitectura. Madrid 2003.
  • F.J. Marín Perellón y J. Ortega. La forma de la Villa de Madrid. Comunidad de Madrid 2006.

  • F.J. Marín Perellón y J. Ortega. La forma de la Villa de Madrid. Comunidad de Madrid 2006.

Imágenes:

ü   En general de INTERNET y libres de carga

ü  Planimetría del Plano de Texeria. 1656.



miércoles, 13 de octubre de 2021

Un suceso desgraciado en la iglesia de Santo Domingo el Real de Madrid.

 


Cinco monjas de clausura de diferentes congregaciones.

Un suceso espeluznante en la iglesia de

Santo Domingo el Real de Madrid

Durante el Renacimiento, en Madrid, como ciudad atareada, en formación y consolidación que era, se sucedieron un montón de acontecimientos, bien raros o jocosos, que  perturbaron la vida metrópoli y llenaron de murmuraciones esquinas, corrales, bodegas, iglesias, conventos, mesones, mercados,…y yo que se cuantos lugares más.

Referiré uno que puso los pelos en cresta a todos los lugareños que sucedió en la magnífica iglesia y monasterio de Santo Domingo el Real de Madrid.

Veamos la importancia del cenobio.

A fines del siglo XIV, Enrique II de Trastámara tomará bajo su protección el monasterio con objeto de devolverle el prestigio a su linaje que había quedado muy deteriorado en las guerras entre Pedro  I .

Pedro I de Castilla, sucumbe en los Campos de Montiel, a manos de su hermanastro Enrique II de Trastámara mientras que el traidor Bertrand du Gesclin le sujeta.

Provee largamente a las monjas de lo que necesiten y lo dota de todo tipo de bienes en cierta medida, el asesinato por parte del rey legal, Pedro I.

Todos los reyes y reinas así como personajes de alcurnia se vincularon al cenobio y a las preladas que en él vivían. De esta forma la genealogía Castilla  quienes fueron reyes de Castilla hasta la muerte de Don Pedro I recibieron una brizna de prestigio que, con el tiempo y a fuerza de donaciones , ventas y traspasos de propiedades y títulos, retomaron cierta popularidad en la Villa. 

Esta fama les proporcionó algún realce pero jamás recuperaron la solera e importancia de antaño, quedando como en una especie de linaje municipal que hacia negocios por aquí y por allá y no faltaba en los fastos de los nobles y la Corono.

La Casa Real quedó vinculada de este modo, de manera firme, al convento como emblema de la estirpe, comprometiéndose a proveerlo y dotarlo siempre que fuera necesario.

De esta manera el cenobio creció en prestigio y donaciones, convirtiéndose en el más notable de la Villa.





Fachada lateral del convento muy deteriorada en el siglo XIX.

Sucedió unos años después que, doña María Zapata de Cárdenas del linaje de los Zapata de Carabanchel, una rama segundona, casada con un familiar directo de Don Pedro I de Castilla, llamado el Cruel, encontró se algo indispuesta con mareos, calentura y algún vómito.

Un par de días después, en 1541 con 20 años cumplidos, doña María sucumbió.

Su esposo, Juan de Castilla, hijo de Alonso que se hallaba fuera de la Corte por negocios.  

La familia de su marido había construido una capilla en la cripta de Santo Domingo el Real de Madrid, para enterramiento de su linaje y ante la situación y a la vista de que carecía María de Cárdenas de sepultura alguna,  decidieron inhumarla en dicha capilla lo más rápido posible.

Una vez realizadas las devociones y demás sufragios, el cortejo salió de la cripta y cerraron la puerta con llave, dando por finalizado el sepelio, alejándose de la iglesia.

Pocas horas más tarde la señora de Cárdenas despertó.



Las criptas eran habituales en las iglesias medievales y
Modernas. Llenas de tumbas de los deudos del 
linaje, se acumulaban durante siglos. Pedro I  de Castilla
fue depositado en el centro de la sala tras retirarlo de la arquería
de la nave central.

Presa del pánico, rompió como pudo la tapa, que no era muy segura, salió de la sepultura, encontrándose, como boca de lobo rodeada de sepulcros, acompañada de otros tantos difuntos.

Como entraba un ligero rayo de luz, acertó a encontrar la pares y, desde allí, se dirigió a la puerta e intentó abrirla infructuosamente.

La señora de Zapata y Cárdenas entendió la situación y comenzó a chillar, despavorida en busca de socorro.

Esa misma noche, en el silencio más absoluto y la total oscuridad de la tumba, la de Cárdenas había dejado de gritar ante el ruido de pasos lejanos.

Eran las monjas que se dirigían al coro de maitines.

María aprovecharía la ocasión para volver a pedir auxilio.

Las religiosas oyeron los lamentos estremecidos.

Más tarde estuvo dando golpes y patadas en la puerta que retumbaron en todo el templo.

  • Monjas de distintas confesiones, entre ellas, dominicas de hábito
  • blanco y velo negro al inicio de la escalera.


Las monjas quedaron paralizadas y aterradas con esos estampidos y estruendos que se repetían por la casa en virtud del eco.

Parecían venir de los arcos de la bóveda de la capilla mayor y tronaban fantasmagóricamente como si un alma en pena aporreara las paredes, en busca de consuelo, por la cripta.

Paralizaronse los cánticas y las monjas salieron disparadas lo más lejos que pudieron, permaneciendo la noche entera en vela dentro del primer dormitorio que encontraron.

Estuvieron rezando, pasmadas de terror, toda la noche.

A la mañana, los gemidos y lamentos volvieron a tronar. Las monjas no cesaban de rezar y llorar y los golpes eran más fuertes y continuados. Dispusieron las profesas que permanecerían en un solo dormitorio el día entero y la noche, orando sin parar.

A la tarde cesó el griterío y las religiosas creyeron que el espíritu se había calmado.

Pero, poco después, se reanudaron lo lloros y quejidos y las reverendas, que, había salido temblorosas, del cuarto, se volvieron de estampida al dormitorio.

Transcurridos unos días, los llantos terminaron y las pobres preladas dieron las gracias a Dios por ello.

Transcurrido un tiempo más o menos corto regresaron a sus quehaceres con las caras descompuestas e incapaces de articular palabra, para intentar olvidar el escalofriante acontecido.

Tres meses después los dueños de la capilla donde habían depositado a María hicieron uso del enterramiento y, cuál sería su sorpresa cuando encontraron el cadáver de la de Cárdenas, tirado junto a la puerta.

María debía ser diabética y tuvo una bajada de azúcar lo que le produjo un terrible desmayo o coma diabético que la dejó como muerta, inconsciente y pálida como si estuviese muerta.

Se lo que es.

Sin comprobar la situación de la señora y ante las prisas por volver a sus asuntos, la metieron en un ataúd tras amortajarla sin preocuparse de más.

Don Juan, su marido, al enterarse de lo sucedido, montó en cólera y casi lía una masacre entre sus familiares, a los que llamó de todo.

Por eso se velan los difuntos como mínimo 24 horas, para evitar cosas como estas y luego se comprueba varias veces el aliento con un espejo.

La pobre señora pagó con su vida la incompetencia de sus parientes y la torpeza de las monjas que bien podían haber llamado al confesor o al cura que las auxiliaba para pedir ayuda.

Descanse en paz, María, a los 20 años.

 

 

 

 

 

 

 

Bibliografía:

  • Ø  Los cargos eclesiásticos y religiosos como estrategia de recuperación del poder de los descendientes de Pedro I de Castilla. M. Estela GONZÁLEZ DE FAUVE - Universidad de Buenos Aires. 2001.
  • Ø  40 linajes madrileños. José M. Castellanos Oñate.
  • Ø  Sepulcros de la Casa Real de Castilla. Ricardo del Arco y Garay. 1954.
  • Ø  Enterramientos regios en Castilla y León. Fernando Arias Guillén. 2015.
  • Ø  Memoria histórico-descriptiva del Monasterio de Santo Domingo el Real en Madrid. José María de Eguren. 1850.
  • Ø  Madrid en la documentación de Santo Domingo el Real. Isabel Pérez de Tudela y Velasco. Universidad Complutense.
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