Introducción:
Madrid, como ya sabréis, se origina en un
punto sobre la terraza del Manzanares allá por el siglo IX, tras la toma del
villorrio árabe por los cristianos del norte.
Pero esto no acaba así.
Los grupos cristianos fueron llegando a la
neonata Majêrit, de todas partes a medida que las tierras mozárabes eran
tomadas por los nobles visigodos que procedían de dominios cántabras y astures.
Avanzaban al centro con sus pertenencias y
modos de vida para instalarse en unos territorios en los que se podía empezar
de nuevo pues no estaban organizados concejilmente ni mucho menos poblados.
Solo quedaban algunas familias que no habían sido expulsadas por los cristianos
y se instalaron más abajo del Alcázar árabe, en el cauce del río más grande. llamado
en esos momentos Guadarrama y posteriormente Manzanares (1).
Alrededor del viejo fortín se instalan
viviendas, más o menos depauperadas que evolucionan en dirección al este,
formando calles, más o menos estrechas, al estilo medieval.
De este modo, cruzando barrancos y riachuelos, montones y arenales, surge, en un primer momento, la añeja Calle de las Platerías que posteriormente sería la Calle Mayor.
Mientras Majêrit fue una villa medieval con
sus usos y costumbres, las calles no eran una preocupación en base a su
suntuosidad. Cuando venía un magnatario, un príncipe o rey, las calles se
adecentaban, se limpiaban y ponían decorosas.
Las visitas de Enrique IV y posteriores de
los Reyes Católicos supusieron una mejora urbana considerable en algunas zonas donde
podían verse casas de cierta prestancia, empedrado, limpieza, arreglo de
puertas y fachadas.
Esta zona de arranque medieval contó con
comercios y mercados y fue la entrada majestuosa para las reinas castellanas y
todos los demás boatos.
Mientras tanto la Calle de Atocha ni siquiera
era una calle sino un camino polvoriento que llevaban a la ermita del mismo
nombre.
× La Calle de Atocha.
En el inicio de la calle hubo una laguna
semejante a la de los Lujanes, hoy Plaza Mayor aunque más pequeña, que fue
desecándose por el uso urbano. Se instalaron casas de mayor o menor fortuna y
se tomó la plazuela de la Santa Cruz, a partir del siglo XV, para mercado.
Su nombre proviene del camino, que antaño
entre espartos,23 olivares y cañizares,
llevaba a la antigua ermita de la Virgen de Atocha.
El sendero se encontraba en la época de los Austrias rodeado a ambos lados de numerosos hospitales, casas de recogida, ermitas, humilladeros y conventos.
Comenzaba en la Plaza de la Santa Cruz formando
parte del arrabal, a la derecha de la Plaza Mayor.
En tiempos de Carlos V empieza a urbanizarse
con fuerza.
El rey hizo grandes cesiones de terreno y el
Ayuntamiento también,
Resultaba imprescindible, además adecentar el
camino al santuario de la Virgen de Atocha pues la gente desarrolló una gran
devoción y con frecuencia se hacían rogatorias y procesiones.
Parece que la calle gustaba. Era ancha y bien
arreglada y algunos nobles y gentes de lugar con posibles, decidieron levantar
buenas viviendas e instituciones que se convertirán en las más opulentas y
principales de la Villa.
Don Luis Manrique de Lara, al servicio del
rey Felipe II, funda en 1560 un convento de recogidas bajo la advocación de
Nuestra Señora de Loreto donde podían protegerse aquellas mujeres de vida
trasnochada que se arrepintieran de sus pecados. IMG
Las instituciones para mujeres estaban
siempre dentro del casco urbano, protegidas de las sorpresas que podían tener
en las afueras. No existía diferencia entre convento femenino y colegio pues la
educación para las niñas se basaba en las tareas domésticas, la labores y los
rezos.
Se construyó la casa de niñas desamparadas para huérfanas ente 6 y 10 y una segunda casa más tarde, dada la cantidad excesiva de huérfanos que había, más grande y espectacular bajo el nombre de la Magdalena.
También levantaron sus casas-palacio otras personalidades importantes como Marcus Függer que se mantendría más de un siglo, los duques de Maceda, los de las Torres o los de Monterrey entre otros.
Los
Fugger, a los que los madrileños les bautizaron como “Los Fúcares”, fueron una
de las familias de la burguesía emergente del Viejo Continente, que se
enriquecieron desde la Baja Edad Media a raíz del nacimiento del capitalismo y
el comercio a gran escala.
Aplicaron
los principios de diversificación económica, estableciendo comercio de
alimentos, objetos de lujos, tela, armas, banca, …
Jacob
Függer financió la elección del Carlos V como Emperador, luego Markus lo haría
con la Contrarreforma y la mayoría de los fletes de la conquista de América.
La
importancia de esta familia es enorme en la Historia Moderna.
Su
visión de la economía puede reconocerse como más actual que la moderna y la
medieval, anquilosada y ahogada en su propia organización.
Diversificaron
sus empresas para evitar el peligro típico de la época: la bancarrota pues con
una empresa de metalurgia podía sostener otra de importación mientras duraba la
crisis.
Se
les consideró como el linaje más rico del mundo.
×
Algo que
define la calle: el Hospital General
Es Isabel la Católica quien establece un primer hospital-convento para peregrinos, pobres y enfermos en Santiago de Compostela.
A partir de este momento la Reina
desarrollará una labor sanitaria muy importante que culminará en el Hospital de
Granada, Valencia y Zaragoza.
La cantidad de enfermos de todo tipo rebosaba
por completo cualquier hospital o convento que se levantara en una ciudad.
Pero será Beatriz Galindo quien continuará su
obra en Madrid con un hospital para hombres de solo 12 plazas en la Pza. de la
Cebada que eran terrenos de su propiedad.
El pequeño hospital daba a una plaza grande y
ventilada donde se realizaba el mercado de cereales de la Villa.
Inmediatamente quedó obsoleto y hubo que
lanzarse a hacer otro, más completo que incluyera todos los adelantos de la
época y que estuviese bien ubicado.
Felipe II estaba preocupado por las epidemias
que se reproducían estacionalmente en la ciudad. Y no solo eso: las
intoxicaciones, los cólicos miserere[1], los catarros que acababan en neumonía, y
otros tantos y tantos males que rondaban al hombrecillo de la calle. Decidió
hacer algo más contundente que ampliara la atención, condensando los servicios sanitarios
que pudo en un solo edificio al que llamó Hospital General.
Lo mandó hacer en una zona famosa por sus
otros hospitales y actividades protectoras: al final de la calle Atocha, frente
a un enorme espacio libre y ventilado, donde no corrieran las apestosas aguas
fecales ni flotaran en ella los animales muertos o corrieran cerdos, ovejas,
vacas y cabras y, por supuesto las menos ratas posibles.
Esta calle no estuvo muy poblada de grandes palacios tampoco lo estuvieron otras calles madrileñas, pero sí de edificios singulares que le dieron prestigio y una estética.
En un principio se pensó en que pudiera servir para los actos de boato y fanfarrias de la Corte, pero sólo recibió actos de menor alcurnia. Solo con ocasión de las obras en la Plaza la Calle Mayor se llevaron estos actos.
Nada podía sustituir a la solera de la Calle Mayor.
§ Bibliografía:
1. Navascués Palacio, Pedro (1979). «Introducción
al Desarrollo Urbano de Madrid hasta 1830». Madrid, testimonios de su historia. Museo Municipal. p. 17.
2. Simón Palmer, María del Carmen, (1978), El
Colegio de niños desamparados de Madrid, Anales del Instituto de Estudios
Madrileños XV: 73-84
- Carmen
Rubio Pardos, (1977), La calle de Atocha, Anales del
Instituto de Estudios Madrileños, Vol. IX.
3.
Gema Martínez Galindo, (2002), Galerianas,
corrigendas y presas: nacimiento y consolidación de las cárceles de mujeres en
España, 1608-1913, Madrid, Ed.
4. Entrada de la reina
Ana en 1570. Cruz Valdovinos. AIEM 1990 nº 28.
5. Las calles de Madrid
en 1624. J. Corral. AIEM 1973.
6. Imágenes todas de
Internet.
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