miércoles, 8 de diciembre de 2021

 





I.            
AL MEJOR SERVICIO DEL REY: PAJES Y MENINOS.

 1)      Introducción: prestigio y protocolo.
2)      La cultura y formación. Renacimiento hasta el Barroco:  los Estudios de la Villa, el Colegio de los Franciscanos y el Colegio Imperial de los Jesuitas.
3)      Una carrera cortesana: De pajes a meninos.

 

 1)      Introducción: prestigio y protocolo.

El protocolo es un lenguaje no verbal que sitúa a cada uno de los cortesanos en el lugar y la actitud correspondiente en relación con el rey y a los demás cortesanos.

De esta manera incide en la estampa que los demás tienen del mismo y del lugar que ocupa entre los demás mortales a la vez del sitio que te define.

Para realizar una parte de este protocolo se hacen extremadamente necesarios los pajes que servirían en las cuestiones más mínimas, a los nobles encargados del aparato aristócrata y a la monarquía.

Para componer este cuerpo se requirió a los hijos de la nobleza que recibirían una educación selecta, primero en los Estudios de la villa

En castilla hubo varios sistemas de ceremonial más o menos rígidos.

En el siglo XVI se tomó un sistema protocolario conocido como Etiqueta Borgoñona. Se puso en práctica durante una comida ofrecida al futuro Felipe II en Valladolid en 1554.

Hasta entonces se imponía el modelo mucho más serio y estirado: el protocolo castellano, vigente desde la Edad Media.

Hasta mediados del siglo XVI se mantuvo la etiqueta castellana, que resultaba muy pesada y demasiado austera.

La sociedad había cambiado, en formas y en mentalidad por lo que se hacía imprescindible una reforma profunda.

Combinar ambas etiquetas y contentar a todos los cortesanos consiguiendo que no se mataran, fue una labor de encaje de bolillos pero, despacio y por partidas, se consiguió.

Muchas cosas se modificaron, entre otras el funcionamiento de la Corte y sus tareas las cuales debían ser más rápidas, y eficaces y mucho más impactantes al exterior.

¿Porqué se decidió Carlos v por este sistema?

El Emperador se había criado en Gante donde también había nacido y no le eran extrañas ciertas actitudes. A la vez este sistema tenía algo de medieval cuya mentalidad conservaba en gran medida el propio César. Igualmente vivía en Castilla el príncipe Felipe, hijo del anterior, que pasaría a ser rey como sucesor suyo.

Después de muchos ensayos, modificaciones, consultas de todo tipo se seleccionó una cena en el Valladolid de 1554 para poner en funcionamiento la etiqueta Borgoñona. Mas ligera que la anterior a pesar de haber aumentado considerablemente el número de asistentes, se tomó la regla Borgoñona definitivamente como de mayor elegancia, espectacularidad y boato, mucho más de satisfacer las vanidades de los envidiosos Condes, Duques, Marqueses y un montón de ilustres, postineros y presuntuosos, en los actos, discursos, juramentos, agasajos y festejos tan frecuente en esos tiempos.

La celebración de Valladolid fue un éxito.

  • El banquete de Valladolid fue un éxito.
  • Hubo comentarios hacia las nuevas formas más vistosas y alegres.


Para completar la grandiosidad de este ceremonial se hacia imprescindible la incorporación al servicio de la Corte, de un buen número de servidores que acometieran las nuevas tareas que surgieron de la reforma del sistema medieval anterior.

2)     2  La cultura y formación. Renacimiento hasta el Barroco:  los Estudios de la Villa, el Colegio de los Franciscanos y el Colegio Imperial de los Jesuitas.

Pero ¿Qué era es un paje? ¿y un escudero?

Es un joven perteneciente a la más alta aristocracia que resulta seleccionado para el servicio real para lo que se integraban a través de la Casa de los pajes en el Alcázar. A partir de aquí recibían una formación específica que les llevaría a ocupar los más selectos puestos en la Administración y en los países más lejanos del mundo.

Los nobles también lucían una Corte en miniatura y tenían sus pajes que debían se hidalgos como poco y tener una misma formación.

Con los escuderos sucedía lo mismo.


El escudero se ocupaba del estado del escudo.
Acompañaban al noble o al rey para llevar su escudo cuando no había guerra ni batalla alguna y les ayudaban en los campos de batalla, proporcionándoles armas y aperos de guerra cuando estos se rompían o los arrebataba el enemigo. También ayudaban a transportar a los heridos y en las curas con el físico.

Tanto unos como otros surgieron en la Edad Media y tuvieron pocos cambios. Solo lo hicieron cuando la Corte lo precisó, bien por necesidades, por crecimiento o modernización de esta.

Ingresaban alrededor de los 10-11 años y cambiaban de puesto hacía los 14 para ocupar los cargos que les fueran asignados a través de sus tutores, ya fuera de escudero o a continuar su formación en el Colegio Imperial los más nobles o los más aplicados.

Hay que decir que solo se admitían varones pues, como ya sabemos todos, la poquísima educación que recibían las mujeres se impartía en casa y se limitaba, salvo escasas excepciones, a las labores domésticas y, muy de vez en vez, a leer, escribir y las cuatro reglas de la aritmética.

Alguna mujer superó estas condiciones y aprendió latín, a tocar algún instrumento o a escribir algún verso.

Los pajes se integraron con facilidad tanto en la Casa, como en los Estudios de la Villa el Colegio Imperial pero hubo un problema relacionado con el status pues en los Estudios de la Villa se admitía a todo tipo de personas, desde pecheros, fabricantes, comerciantes,… hasta muchachos de la calle si era menester por lo que algunos nobles se sintieron menospreciados y sacaron a sus hijos para matricularlos en el Colegio franciscano que tenía el acceso restringido.

los Estudios de la Villa. Algo más abajo vivía
 don Nicolás de Perttusatto con su hermano Pedro, marchante de Arte.
Nicolás era asistente de la Reina Mariana de Austria.

Con los cambios sociales sobrevenidos, la necesidad de adquirir una mínima cultura por lo que se fundaron varios
colegios, regidos por cura o por prelados que impartían clases de gramática y/o matemáticas.

×       Los estudios de la Villa y el Colegio franciscano.

Así aparecen otros institutos o seminarios de más o menos fortuna didáctica.   

A inicios del XVII el rey Felipe IV mandó cerrarlos y ordenó que, junto con el Estudio de la Villa, se integraran en el Colegio Imperial de los jesuitas cuyas enseñanzas estaban más a la costumbre europea.  

  • San Francisco, gran Basílica,  pertenecía a San Fco de Asís. Fue derribada
  • y reedificada en el siglo XVII,

Fundado por Alfonso XI en 1348 y dotado por Isabel la Católica junto a su hija Juana, terminó su gloriosa existencia en 1619.     

Los Estudios y los Franciscanos cerraron. Los plebeyos marcharon a otros institutos con más o menos fortuna para luego partir a Salamanca a concluir su formación.

Los mejor situados socialmente se instalaron en el resplandeciente Colegio Imperial de la Calle Toledo.

Aquí termina la enseñanza municipal que dará paso a otra bien diferenciada y de corte elitista.

×       El Colegio Imperial de los Jesuitas.

Desde tiempo atrás, tanto Carlos V como Felipe II habían meditado sobre la situación socio-cultural del Reino, concluyendo que resultaba muy medievalizante todavía, mientras que, otros reinos de Europa mantenían un nivel más algo.

Juntar en los Estudios de la Villa a zagales pecheros con los retoños más pimpantes de la incipiente burguesía  con los hijuelos, supuestamente, mejor dotados de la alta nobleza, recibiendo idéntica formación con lo que no podría distinguirse unos de otros, producía unos resultados ineficaces pues no podían distinguirse unos de otros en cuanto a habilidades.

Para mejorar la situación y dado que ambos reyes conocían a la compañía de San Ignacio de Loyola y consideraban su pedagogía superior a los Estudios, decidieron clausurar estos y, tras unas charlas con la dicha Compañía, levantar un colegio de corte elitista con una  enseñanza distinguida que incluyera las más modernas materias: matemáticas, astronomía, geografía, literatura, baile o danza, latín y griego, teología, … etc.

 No cabe duda alguna que el proyecto debería haberse organizado antes, pero las tareas de la Corte y las guerras europeas lo habían impedido. Es bien cierto que hubo conversaciones con los jesuitas que ya estaban viviendo en la Corte de los Avis en Portugal, por parte de miembros destacados de la Administración Real de los Austria, que desarrollarían posteriormente tan ambicioso proyecto.



Los jesuitas se introducen en España por medio de la Casa de la Princesa María Manuela de Avis que habría de casarse con el propio Felipe II.

1)      Una carrera cortesana: De pajes a meninos.

No hay que confundir los
pajes y los lacayos pues estos últimos encabezaban los desfiles, a lomos de mulas de montar, abriendo paso y llevando el escudo heráldico o la enseña de aquellos a quienes servían.

Los escuderos, por otro lado, fueron los encargados de llevar el escudo del aristócrata o el rey cuando no había batalla y caminaban junto al caballo. También mantenían limpio y brillante el escudo.

En ocasiones peleaban en las batallas, con el permiso de su señor, que si le había gustado su actuación, los  podían elevar al rango de caballero mediante una ceremonia muy preparada.

Hay que aclarar una cosa: servir al rey o a un señor de alto rango no era ofensivo sino una merced.

A veces se dio el caso que varios pajes, escuderos, etc. se habían peleado porque su Señor era más noble, más valiente, mejor bailarín, … que el del otro.

A partir del Renacimiento las monarquías adquirieron una mayor velocidad en su evolución social y las cosas cambiaban con más ágilmente por lo que había que ir modificando los protocolos con regularidad.

El servicio al rey, la reina y el Príncipe, en cualquiera de las áreas que componían la corte, no solo requería un conocimiento acreditado del oficio, era necesario el dominio de unas técnicas de conducta cortesana y la exaltación de una serie de valores, muy diferentes a los ideales caballerescos propios del medievo.

Para ello sería precisa la formación en letras, en las buenas costumbres, en la prudencia política. Eso se aprendía en el Colegio Imperial.

No se sabe cuándo aparece la figura de los pajes pero ya existían anteriormente, en época del pobre Príncipe Juan, hijo de Isabel I de Castilla, conocida como la Católica, que los fija en el discreto número 12 por cada Casa. 

Continúan en período Imperial, variando en cantidad, pero creciendo mucho. Algunas fuentes los fijan en 1000 lo cual creo un disparate si bien es cierto que fueron asumiendo los pajes al servicio de otros miembros de las monarquías según fueran falleciendo sus familiares o reformándose sus Casas.        


El Príncipe don Juan, hijo de Isabel al Católica, tuvo pajes y se cuenta con un
libro para su servicio.  En la próxima entrada que trata de este personaje, veremos en extenso su
existencia y personalidad.

Cuando los tiernos nobles infantes ingresan en la Casa de los Pajes, recibían un sueldo, nada escaso, más unos suculentos gajes.[1]

La Casa de los pajes la dirigía, al principio, el III Duque de Alba, Don Fernando Álvarez de Toledo, llamado el Grande.

A ella se incorporaban los hijos de las élites de los distintos reinos hispanos incluso de Italia como la prole de los 3 hijos del Duque de Módena y de Catalina-Micaela que vivía en la Corte madrileña desde pequeños y fueron acogidos por los reyes tras la muerte de su padre.        


Catalina-Micaela envió a dos de sus  hijos a que
se criaran en la catolicísima la Corte Castellana a la muerte de su padre.
también se hicieron pajes.

No será hasta Felipe II que, al establecer la Corte en Madrid en 1561, quiere organizar el reino de forma más moderna, al estilo de las Cortes europeas.

La puesta en marcha fue muy costosa y bastante secreta.

Su funcionamiento se adscribió a la Casa del Rey.

A inicios del siglo XVII, el Conde Duque fue nombrado Caballerizo Mayor con lo que pasó a dirigía la Casa de los Pajes acometiendo labores de reforma profunda en su funcionamiento en base de los cambios sociales que se habían producido y que los ideales medievales se disipaban como un azucarillo en el agua.

Olivares nunca paró en sus reforma políticas y sociales.    

×EEl antiguo memorial de fundación que tenía un tufillo medieval muy marcado, fue transformado, mediante uno de sus memoriales, hacia 1639 incluyendo nuevo modos.

A partir de ahora los futuros servidores se someterían a una férrea disciplina, muy del estilo de la Compañía de Jesús, mitad fe, mitad ejército.

Su objetivo era que los pajes tuvieran una educación práctica y distinguida, haciendo coincidir esta con el nivel del monarca.

Su esquema de estudios coincidía con otros programas europeos más innovadores.

Se dividía en 17 cátedras de estudios mayores, entre otros latines, filosofía, matemáticas, retórica, danza, esgrima, monta, modales, servicio de mesa, … etc.

Más adelante, en 1635, aumentó y mejoró el memorial de fundación con una ampliación que estuvo vigente hasta 1662.

Hacía los 14 años los muchachos dejaban los Estudios de la Villa y entraban al Colegio Imperial.

Allí se les daba jubones, zapatos, alzas y camisas, distribuidas por el ayo. Su alimentación estaba a cargo de la corona y eran servidos por criados.

Cada vez que salían a la calle lo hacían en grupo y acompañados del ayo o del del capellán

   Pedro Fernández de Velasco. Procedentes de Burgos y pertenecientes a la Casa de Velasco e hijo de Pedro Fernández de Velasco y de Beatriz Manrique de Lara. 

Fue el II conde de Haro, VI condestable de Castilla y camarero mayor del rey.

Trabajó como paje de Carlos hasta 1543.

Murió de la peste en Sevilla y sus restos descansan en la Capilla del Condestable de Burgos.

Es obra de los arquitectos Simón y Francisco de Colonia. Las esculturas son de Gil y diego de Siloé y Felipe Bigarny.

La figura de los pajes se inicia con Carlos V y eran 6 pasando a ser 24 con el primer memorial del Conde Duque, pero con el Felipe II se fijaron en mil. Su calidad social era la de “hijos de caballeros” como mínimo con lo que desaparecían los hijos de pechero, aunque fueran hidalgos.

Estos quedaban para otros menesteres que no serían menos importantes como al servicio de alguna Casa de nobles.

Ha existido un error grave, por dar las cosas por hechas y sabiendo que era poco coherente, al decir que los pajes vivían en las caballerizas, sobre los establos. Nada más herrado pues vivían cerca de las casas de los costiller, junto a los panatier.   


La Casa de los pajes  era un edificio bien diseñado y con todo lo necesario
para el entrenamiento de los muchachos. Con un horario estricto, salían a las Caballerizas A
para ejercitarse en hípica, recurso considerado imprescindible en la época.

Al igual que estos últimos, tenían el privilegio de entrar en la antecámara del rey.

Junto a los costilleres servían las comidas, meriendas y cenas, vestidos de uniforme, cuando el monarca iba al campo o salía de jornada.

En esas circunstancias utilizaban botas con espuelas.

El oficio de paje era el primero que ejercerían en su vida que, a partir de aquí, evolucionaria en otras[2] tareas.

Al frente de los pajes se colocaba el ayo al que se conocía como “el mozo de los pajes”.

Aunque tenían caballo, y en Castilla o Flandes la cultura de la caballería gozaba de un gran prestigio, se consideraban de menor categoría social que los pajes, no obstante, fueran hidalgos.

Tras finalizar su oficio como pajes pasaban a ser meninos.

También desarrollaban estas formas cortesanas los Príncipes, las Reinas y las Infantas, solo que estas dos últimas se servían de Meninas y luego, de Damas,

Estos temas los trataré en la siguiente Entrada.

 

 

 

 


 



[1] Los gajes eran lo que hoy conocemos como dietas y consistían en todo tipo de cosas: complementos en dinero, ropa, zapatos o botas, alimentos, objetos, …. Etc. incluso joyas.

[2] Recuérdese que, cualquier oficio palatino precisaba un certificado de Limpieza de Sangre.




Bibliografía:

ü  Carlos GÓMEZ-CENTURIÓN JIMÉNEZ, “La herencia de Borgoña: El ceremonial real y las casas reales en la España de los Austrias” (1548-1701).

ü  ORTEGA VIDAL, Javier; MARÍN PERELLÓN, Francisco José, «La conformación del Colegio Imperial de Madrid (1560 -1767)», Anales del Instituto de Estudios Madrileños (Madrid), LIII (2013)

ü  BARBEITO, J.M., El alcázar de Madrid. Madrid, 1992, pp. 56-62; GALÁN DOMINGO., E., “De las Reales Caballerizas a la Colección de Carruajes del Patrimonio Nacional”

ü  HERNANDO SÁNCHEZ, C.J., “La cultura ecuestre en la corte de Felipe II” MARTÍNEZ MILLÁN, J. y FERNÁNDEZ CONTI, S.  La Monarquía de Felipe II. La Casa del Rey. Madrid, 2005.

ü  ANÓNIMO. “Minutas de los linajes de España”. BNM.


  • ü  H. Peñasco y C. Cambronero. Las calles de Madrid. Madrid 1889.
  • ü  M. Montero Vallejo. Madrid musulmán, cristiano y bajo medieval. Ed. Avapiés. Madrid 1990.
  • ü  M. Montero Vallejo. Origen de las calles de Madrid. Ed. Lavapiés. Madrid 1995.
  • ü  COAM. Guía de Arquitectura. Madrid 2003.
  • F.J. Marín Perellón y J. Ortega. La forma de la Villa de Madrid. Comunidad de Madrid 2006.

  • F.J. Marín Perellón y J. Ortega. La forma de la Villa de Madrid. Comunidad de Madrid 2006.

Imágenes:

ü   En general de INTERNET y libres de carga

ü  Planimetría del Plano de Texeria. 1656.



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