lunes, 14 de marzo de 2022

 


Introducción:

 

Madrid, como ya sabréis, se origina en un punto sobre la terraza del Manzanares allá por el siglo IX, tras la toma del villorrio árabe por los cristianos del norte.

Pero esto no acaba así.

Los grupos cristianos fueron llegando a la neonata Majêrit, de todas partes a medida que las tierras mozárabes eran tomadas por los nobles visigodos que procedían de dominios cántabras y astures.

Avanzaban al centro con sus pertenencias y modos de vida para instalarse en unos territorios en los que se podía empezar de nuevo pues no estaban organizados concejilmente ni mucho menos poblados. Solo quedaban algunas familias que no habían sido expulsadas por los cristianos y se instalaron más abajo del Alcázar árabe, en el cauce del río más grande. llamado en esos momentos Guadarrama y posteriormente Manzanares (1).

Alrededor del viejo fortín se instalan viviendas, más o menos depauperadas que evolucionan en dirección al este, formando calles, más o menos estrechas, al estilo medieval.

          
Calle medieval

 De este modo, cruzando barrancos y riachuelos, montones y arenales, surge, en un primer momento, la añeja Calle de las Platerías que posteriormente sería la Calle Mayor.

Mientras Majêrit fue una villa medieval con sus usos y costumbres, las calles no eran una preocupación en base a su suntuosidad. Cuando venía un magnatario, un príncipe o rey, las calles se adecentaban, se limpiaban y ponían decorosas.

Las visitas de Enrique IV y posteriores de los Reyes Católicos supusieron una mejora urbana considerable en algunas zonas donde podían verse casas de cierta prestancia, empedrado, limpieza, arreglo de puertas y fachadas.

Esta zona de arranque medieval contó con comercios y mercados y fue la entrada majestuosa para las reinas castellanas y todos los demás boatos.

Mientras tanto la Calle de Atocha ni siquiera era una calle sino un camino polvoriento que llevaban a la ermita del mismo nombre.

 ×      La Calle de Atocha.

En el inicio de la calle hubo una laguna semejante a la de los Lujanes, hoy Plaza Mayor aunque más pequeña, que fue desecándose por el uso urbano. Se instalaron casas de mayor o menor fortuna y se tomó la plazuela de la Santa Cruz, a partir del siglo XV, para mercado.

Su nombre proviene del camino, que antaño entre espartos,23​ olivares y cañizares, llevaba a la antigua ermita de la Virgen de Atocha.

El sendero se encontraba en la época de los Austrias rodeado a ambos lados de numerosos hospitales, casas de recogida, ermitas, humilladeros y conventos.

Comenzaba en la Plaza de la Santa Cruz formando parte del arrabal, a la derecha de la Plaza Mayor.

En tiempos de Carlos V empieza a urbanizarse con fuerza.

El rey hizo grandes cesiones de terreno y el Ayuntamiento también,

Resultaba imprescindible, además adecentar el camino al santuario de la Virgen de Atocha pues la gente desarrolló una gran devoción y con frecuencia se hacían rogatorias y procesiones.

Parece que la calle gustaba. Era ancha y bien arreglada y algunos nobles y gentes de lugar con posibles, decidieron levantar buenas viviendas e instituciones que se convertirán en las más opulentas y principales de la Villa.

Don Luis Manrique de Lara, al servicio del rey Felipe II, funda en 1560 un convento de recogidas bajo la advocación de Nuestra Señora de Loreto donde podían protegerse aquellas mujeres de vida trasnochada que se arrepintieran de sus pecados.    IMG

Las instituciones para mujeres estaban siempre dentro del casco urbano, protegidas de las sorpresas que podían tener en las afueras. No existía diferencia entre convento femenino y colegio pues la educación para las niñas se basaba en las tareas domésticas, la labores y los rezos.

Se construyó la casa de niñas desamparadas para huérfanas ente 6 y 10 y una segunda casa más tarde, dada la cantidad excesiva de huérfanos que había, más grande y espectacular bajo el nombre de la Magdalena.    

Colegio-convento de la Magdalena. 
Derribado en el siglo XVII

También levantaron sus casas-palacio otras personalidades importantes como Marcus Függer que se mantendría más de un siglo, los duques de Maceda, los de las Torres o los de Monterrey entre otros.      

Los Fugger, a los que los madrileños les bautizaron como “Los Fúcares”, fueron una de las familias de la burguesía emergente del Viejo Continente, que se enriquecieron desde la Baja Edad Media a raíz del nacimiento del capitalismo y el comercio a gran escala.

Aplicaron los principios de diversificación económica, estableciendo comercio de alimentos, objetos de lujos, tela, armas, banca, …

Jacob Függer financió la elección del Carlos V como Emperador, luego Markus lo haría con la Contrarreforma y la mayoría de los fletes de la conquista de América.

La importancia de esta familia es enorme en la Historia Moderna.

Su visión de la economía puede reconocerse como más actual que la moderna y la medieval, anquilosada y ahogada en su propia organización.

Diversificaron sus empresas para evitar el peligro típico de la época: la bancarrota pues con una empresa de metalurgia podía sostener otra de importación mientras duraba la crisis.

Se les consideró como el linaje más rico del mundo.

 

×      Algo que define la calle: el Hospital General

 Es Isabel la Católica quien establece un primer hospital-convento para peregrinos, pobres y enfermos en Santiago de Compostela.

A partir de este momento la Reina desarrollará una labor sanitaria muy importante que culminará en el Hospital de Granada, Valencia y Zaragoza.

La cantidad de enfermos de todo tipo rebosaba por completo cualquier hospital o convento que se levantara en una ciudad.

Pero será Beatriz Galindo quien continuará su obra en Madrid con un hospital para hombres de solo 12 plazas en la Pza. de la Cebada que eran terrenos de su propiedad.

El pequeño hospital daba a una plaza grande y ventilada donde se realizaba el mercado de cereales de la Villa.

Inmediatamente quedó obsoleto y hubo que lanzarse a hacer otro, más completo que incluyera todos los adelantos de la época y que estuviese bien ubicado.

Felipe II estaba preocupado por las epidemias que se reproducían estacionalmente en la ciudad. Y no solo eso: las intoxicaciones, los cólicos miserere[1],  los catarros que acababan en neumonía, y otros tantos y tantos males que rondaban al hombrecillo de la calle.    Decidió hacer algo más contundente que ampliara la atención, condensando los servicios sanitarios que pudo en un solo edificio al que llamó Hospital General.

El hospital general desarrolló sistemas de curación algo más avanzado
para su época. La edificación fue remplazada por otra más funcional
en el siglo XIX.

Lo mandó hacer en una zona famosa por sus otros hospitales y actividades protectoras: al final de la calle Atocha, frente a un enorme espacio libre y ventilado, donde no corrieran las apestosas aguas fecales ni flotaran en ella los animales muertos o corrieran cerdos, ovejas, vacas y cabras y, por supuesto las menos ratas posibles.

Esta calle no estuvo muy poblada de grandes palacios tampoco lo estuvieron otras calles madrileñas, pero sí de edificios singulares que le dieron prestigio y una estética. 

En un principio se pensó en que pudiera servir para los actos de boato y fanfarrias de la Corte, pero sólo recibió actos de menor alcurnia. Solo con ocasión de las obras en la Plaza la Calle Mayor  se llevaron estos actos.

Nada podía sustituir a la solera de la Calle Mayor.



 

 

 

 

 

 

 

 

 

§  Bibliografía:

1.      Navascués Palacio, Pedro (1979). «Introducción al Desarrollo Urbano de Madrid hasta 1830»Madrid, testimonios de su historiaMuseo Municipal. p. 17.

2.    Simón Palmer, María del Carmen, (1978), El Colegio de niños desamparados de Madrid, Anales del Instituto de Estudios Madrileños XV: 73-84

    1.  Carmen Rubio Pardos, (1977), La calle de Atocha, Anales del Instituto de Estudios Madrileños, Vol. IX.

3.     Gema Martínez Galindo, (2002), Galerianas, corrigendas y presas: nacimiento y consolidación de las cárceles de mujeres en España, 1608-1913, Madrid, Ed.

4.    Entrada de la reina Ana en 1570. Cruz Valdovinos. AIEM 1990 nº 28.

5.    Las calles de Madrid en 1624. J. Corral. AIEM 1973.

6.    Imágenes todas de Internet.



[1] El cólico miserere era el apendicitis que era mortal al 100% en esa época.

 













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