viernes, 13 de noviembre de 2020

Enfermedades en el Siglo de Oro y algunas formas de currar: amuletos y talismanes (I).

 

Las enfermedades durante la Edad Moderna eran un verdadero azote.

Tanto menores como adultos padecían un buen número de ellas y, con frecuencia moría.

Pero lo peor de estas era las de los niños que provocaba una mortalidad enorme.

Las causaban todo tipo de agentes. La mala alimentación, en una sociedad que observaba estrictamente, una jerarquía alimenticia en la que primero comían el cabeza de familia, luego los hombres adultos y los menores para terminar en los niños y las mujeres y las niñas. A ello se juntaba una nula o casi casi, higiene y la falta de buenas condiciones de almacenamiento. El fío, el calor, la lluvia, las plagas, … etc. se unía todo y se juntaba a otros agentes como el humo de las chimeneas en las mujeres de las clases más bajas cuyas casas carecían de tiro para evacuar el  humo.

La mortandad los niños ya fueran de las clases bajas y altas, llega a alcanzar el 40% durante el primer año de vida y hasta los ocho años, consideraba edad adulta, podía remontar el 20% fácilmente.

La Infanta Maria en su ataúd. Fue la primera hija de Felipe III y Margarita 
y falleció al mes de nacer. Pintado por Juan Pantoja de la Cruz. Depositado en las Descalzas Reales.

Las causas son muy variadas: inmadurez genital de las madres, infecciones de todo tipo, enfermedades pulmonares, gripe, virus, malnutrición, falta de higiene, epidemias, ... etc.

Nadie se libraba de ellas por hacendado que fuese.

Los más pobres eran los más visitados por estos inconvenientes y los que padecían con más fuerza sus estragos pero las oligarquías tampoco se libraban del problema.

Entre los miembros infantiles de la Casa de Austria estuvo disparada cualquier tio de dolencia en gran parte debido a la consanguineidad que volvía casi en hereditaria cualquier enfermedad.

El tifus estuvo muy presente en los miembros de la familia Real debido a la cercanía del alcázar al río Manzanares y los otros arroyos que pasaban cerca.

Pero la peor de todos los contagios fue la viruela que atacó a muchos de los miembros de la familia y les llevó a la muerte con demasiada frecuencia.

El caso de los hijos de Felipe IV es muy llamativo pero el de Felipe III no le queda lejos.

Felipe IV tuvo ocho hijos de su primera mujer, Isabel de Borbón, de los que solo sobreviven dos: Baltasar Carlos heredero de la Corona que fallece de viruela a los dieciséis años, y Mª Teresa que será reina consorte al casarse con Luis XIV. 

Con una segunda esposa, su sobrina Mariana de Austria, engendrará cinco de los que sobreviven dos: Margarita Teresa y Carlos II que será rey.

Felipe III, a pesar de tener otro buen motón, padeció la lacra de la muerte de sus hijos cuando aún eran muy pequeños.

Casó con Margarita de Austria de la que tuvo 8 hijos de los que vivirán solo 5: Ana Mauricia, Felipe IV, Ana, Carlos y Fernando.

El tercero de los hijos de Felipe IV y Mariana de Austria, el Infante Felipe Próspero que nació el 28 de noviembre de 1655 y murió el 1 de noviembre de 1661 fue retratado por Velázquez y su taller en varias ocasiones.

El Infante, al nacer presentaba graves problemas de salud y pensaron que no viviría mucho pero llegó a los seis años.

Felipe Próspero a la edad de 2 años junto a Chispita, la perrita de Velázquez. 
El niño porta los amuletos y talismanes propios de su mal estado de salud: una 
jiga, una campanilla, un llamador de ángeles que llevaría en su interior una piedra 
bezoar sin duda, así como otros

Lo que saltaba a la vista al ver a dicho  infante era una gran hidrocefalia o acumulación de líquido cefalorraquídeo en el cerebro que aumenta en tamaño del cráneo y provoca un aspecto desagradable.

A la vez padeció serios problemas de psicomotricidad y retraso en el habla.

Probablemente fuese sordo y tuviera deficiencias oculares que son típicas de dicha enfermedad.

Esta anomalía se debía a varias causas, entre otras, a una infección en la meninge que le produjo ataques epilépticos constantes, durante uno de los cuales murió.

¿Qué motivo pudo tener Don Diego para realizar un retrato tan poco real?

El pintor no era libre a la hora de pintar un retrato de la Casa Real.

Estos son retratos de Corte que eran un elemento de propaganda grandilocuente y representación real en toda su magnificencia que en nada tenía que ver con el deseo de ser recordado sino de expresar la grandiosidad de la organización que representaba, en este caso la Casa Real de Austria.

Nunca se representaría la debilidad del Heredero por más manifiesta que fuera pues se consideraba hasta hace poco que, la salud del rey era la misma que la de su reino.

Felipe Próspero no tenía nada de eso: ni salud ni se la esperaba. Solo que falleciera pronto y cerrar capítulo.

Posibilidad de cura o mejora no existió jamás.

Lo cierto es que el rey no tuvo suerte con sus hijos varones.

Las supersticiones estaban muy enraizadas en la mentalidad hispana y se aceptaban sin discusión en una sociedad que prohibía la experimentación. Solo era necesario creer que, la intervención divina era capaz de contrarrestarlas.

La reina Mariana, madre del pobre Felipe Próspero, era muy aficionada a este tipo de prácticas y, aunque parece que el rey no las aprobaba, dejaba hacer dentro de su propia desesperación al ver morir a sus hijos varones sin conseguir un heredero para la Corona.

El Príncipe en este retrato, lleva un cintillo y un cordón del que cuelgan talismanes y amuletos que son cosas bien distintas.

El talismán tiene que ver con los poderes ocultos y se relaciona con la forma del objeto mientras que el amuleto lo hace con el material de que está hecho.

Felipe Próspero lleva una higa de azabache y una campanilla de oro entre otros

Estas piezas son las más comunes en su tiempo.



La higa es una mano de azabache o coral engarzada con un puño preparado
 para proteger del mal de ojo. 

Este hechizo, el mal de ojo, es capaz de enfermar y matar o de provocar cualquier otra calamidad con que la persona idónea de transmitirlo mire a la víctima.

Está causado por brujas generalmente.

Una vez contagiado se curaba, si se podía, solo con rituales como pisar los zapatos nuevos de familiares, escupir a bebes o a embarazadas, colocar tres dientes de ajos cubiertos de sal bajo la cama, … pero lo único eficaz era la prevención con amuletos y talismanes.

La campanilla de oro es un talismán apto para ahuyentar a los malos espíritus.

Aparte de estos el niño porta otros tres dirigidos a mejorar la salud.

Llevar estos y otros amuletos engarzados a cadenas de oro o plata era normal entre los infantes de la nobleza y comerciantes e industriales ricos pues eran los únicos capaces de permitírselo. Las clases más bajas veían morir a sus niños sin poder hacer nada.

Los críos con posibles llevaban desde su nacimiento hasta el destete, más o menos a los dos años o dos años y medio, estos cintillos repletos de joyería mágica. Si pasado este lapso continuaban portándolos es porque no gozaban de una buena salud.

La Infanta Margarita Francisca (1610-1617) sobre un cojín. Lleva su 
cinturón de lactante sobre un babador (babero) lo que indica que era 
un bebé todavía. 
Pintura de Santiago Morán, propiedad del Museo del Prado. En depósito actual.

Si transcurrido un tiempo su enfermedad remitía se retiraban los amuletos. 

En esta época no existía la medicina.

Había remedios basados en las plantas o los susodichos amuletos y talismanes.

El empirismo estaba totalmente prohibido y se consideraba que las enfermedades las enviaba Dios y curarse o no era cuestión suya. Si conseguías algún tratamiento con flores y  plantas, mejor que mejor pero sino resultaba voluntad divina.

Existían algunos elementos que bien podía haber sido útiles pero se desconocían sus propiedades como es el caso del “pan de preñada” que era un bollo mohoso del que comían una porción las mujeres en cinta. Lo que estaba injiriendo era penicilina pero ellas lo desconocían. Solo sabían que evitaban la gravedad de las infecciones post parto causadas por la falta de higiene. Se podrían haber utilizado en otros casos.

En los Países Bajos protestantes, una pasta hecha con este moho penicilium, se untaba en las almorranas infectadas y prácticamente se curaban todas.  

Este es un resumen demasiado escueto sobre un tema tan complejo.

La gran mortandad a causa de las enfermedades siguió produciéndose hasta el siglo XX y hubo que esperar a los grandes descubrimientos científicos de mitad de siglo para poder controlarla.

 

 

 

  

 

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1.      1.   Amuletos y talismanes en el retrato del Príncipe Felipe Próspero de Velázquez
   Natalia Horcajo Palomero. Archivo Español de Arte. Nº 288.
2.    Retratos de infantes en el reinado de Felipe III y Margarita de Austria. Gema Cobo. UCM 2013.

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