Las enfermedades durante la Edad Moderna eran un verdadero azote.
Tanto menores como adultos padecían un buen número de ellas y, con
frecuencia moría.
Pero lo peor de estas era las de los niños que provocaba una mortalidad
enorme.
Las causaban todo tipo de agentes. La mala alimentación, en una sociedad
que observaba estrictamente, una jerarquía alimenticia en la que primero comían
el cabeza de familia, luego los hombres adultos y los menores para terminar en
los niños y las mujeres y las niñas. A ello se juntaba una nula o casi casi,
higiene y la falta de buenas condiciones de almacenamiento. El fío, el calor,
la lluvia, las plagas, … etc. se unía todo y se juntaba a otros agentes como el
humo de las chimeneas en las mujeres de las clases más bajas cuyas casas
carecían de tiro para evacuar el humo.
La mortandad los niños ya fueran de las clases bajas y altas, llega a alcanzar el 40% durante el primer año de vida y hasta los ocho años, consideraba edad adulta, podía remontar el 20% fácilmente.
y falleció al mes de nacer. Pintado por Juan Pantoja de la Cruz. Depositado en las Descalzas Reales.
Las causas son muy variadas: inmadurez genital de las madres,
infecciones de todo tipo, enfermedades pulmonares, gripe, virus, malnutrición,
falta de higiene, epidemias, ... etc.
Nadie se libraba de ellas por hacendado que fuese.
Los más pobres eran los más visitados por estos inconvenientes y los que
padecían con más fuerza sus estragos pero las oligarquías tampoco se libraban
del problema.
Entre los miembros infantiles de la Casa de Austria estuvo disparada cualquier
tio de dolencia en gran parte debido a la consanguineidad que volvía casi en
hereditaria cualquier enfermedad.
El tifus estuvo muy presente en los miembros de la familia Real debido a
la cercanía del alcázar al río Manzanares y los otros arroyos que pasaban
cerca.
Pero la peor de todos los contagios fue la viruela que atacó a muchos de
los miembros de la familia y les llevó a la muerte con demasiada frecuencia.
El caso de los hijos de Felipe IV es muy llamativo pero el de Felipe III
no le queda lejos.
Felipe IV tuvo ocho hijos de su primera mujer, Isabel de Borbón, de los
que solo sobreviven dos: Baltasar Carlos heredero de la Corona que fallece de
viruela a los dieciséis años, y Mª Teresa que será reina consorte al casarse
con Luis XIV.
Con una segunda esposa, su sobrina Mariana de Austria, engendrará cinco
de los que sobreviven dos: Margarita Teresa y Carlos II que será rey.
Felipe III, a pesar de tener otro buen motón, padeció la lacra de la
muerte de sus hijos cuando aún eran muy pequeños.
Casó con Margarita de Austria de la que tuvo 8 hijos de los que vivirán
solo 5: Ana Mauricia, Felipe IV, Ana, Carlos y Fernando.
El tercero de los hijos de Felipe IV y Mariana de Austria, el Infante
Felipe Próspero que nació el 28 de noviembre de 1655 y murió el 1 de noviembre
de 1661 fue retratado por Velázquez y su taller en varias ocasiones.
El Infante, al nacer presentaba graves problemas de salud y pensaron que no viviría mucho pero llegó a los seis años.
El niño porta los amuletos y talismanes propios de su mal estado de salud: una
jiga, una campanilla, un llamador de ángeles que llevaría en su interior una piedra
bezoar sin duda, así como otros
Lo que saltaba a la vista al ver a dicho
infante era una gran hidrocefalia o acumulación de líquido
cefalorraquídeo en el cerebro que aumenta en tamaño del cráneo y provoca un
aspecto desagradable.
A la vez padeció serios problemas de psicomotricidad y retraso en el
habla.
Probablemente fuese sordo y tuviera deficiencias oculares que son
típicas de dicha enfermedad.
Esta anomalía se debía a varias causas, entre otras, a una infección en
la meninge que le produjo ataques epilépticos constantes, durante uno de los
cuales murió.
¿Qué motivo pudo tener Don Diego para realizar un retrato tan poco real?
El pintor no era libre a la hora de pintar un retrato de la Casa Real.
Estos son retratos de Corte que eran un elemento de propaganda
grandilocuente y representación real en toda su magnificencia que en nada tenía
que ver con el deseo de ser recordado sino de expresar la grandiosidad de la
organización que representaba, en este caso la Casa Real de Austria.
Nunca se representaría la debilidad del Heredero por más manifiesta que
fuera pues se consideraba hasta hace poco que, la salud del rey era la misma
que la de su reino.
Felipe Próspero no tenía nada de eso: ni salud ni se la esperaba. Solo
que falleciera pronto y cerrar capítulo.
Posibilidad de cura o mejora no existió jamás.
Lo cierto es que el rey no tuvo suerte con sus hijos varones.
Las supersticiones estaban muy enraizadas en la mentalidad hispana y se
aceptaban sin discusión en una sociedad que prohibía la experimentación. Solo
era necesario creer que, la intervención divina era capaz de contrarrestarlas.
La reina Mariana, madre del pobre Felipe Próspero, era muy aficionada a
este tipo de prácticas y, aunque parece que el rey no las aprobaba, dejaba
hacer dentro de su propia desesperación al ver morir a sus hijos varones sin
conseguir un heredero para la Corona.
El Príncipe en este retrato, lleva un cintillo y un cordón del que
cuelgan talismanes y amuletos que son cosas bien distintas.
El talismán tiene que ver con los poderes ocultos y se relaciona con la
forma del objeto mientras que el amuleto lo hace con el material de que está
hecho.
Felipe Próspero lleva una higa de azabache y una campanilla de oro entre
otros
Estas piezas son las más comunes en su tiempo.
La higa es una mano de azabache o coral engarzada con un puño preparado
para proteger del mal de ojo.
Este hechizo, el mal de ojo, es capaz de enfermar y matar o de provocar
cualquier otra calamidad con que la persona idónea de transmitirlo mire a la
víctima.
Está causado por brujas generalmente.
Una vez contagiado se curaba, si se podía, solo con rituales como pisar
los zapatos nuevos de familiares, escupir a bebes o a embarazadas, colocar tres
dientes de ajos cubiertos de sal bajo la cama, … pero lo único eficaz era la
prevención con amuletos y talismanes.
La campanilla de oro es un talismán apto para ahuyentar a los malos
espíritus.
Aparte de estos el niño porta otros tres dirigidos a mejorar la salud.
Llevar estos y otros amuletos engarzados a cadenas de oro o plata era
normal entre los infantes de la nobleza y comerciantes e industriales ricos
pues eran los únicos capaces de permitírselo. Las clases más bajas veían morir
a sus niños sin poder hacer nada.
Los críos con posibles llevaban desde su nacimiento hasta el destete, más o menos a los dos años o dos años y medio, estos cintillos repletos de joyería mágica. Si pasado este lapso continuaban portándolos es porque no gozaban de una buena salud.
cinturón de lactante sobre un babador (babero) lo que indica que era
un bebé todavía.
Pintura de Santiago Morán, propiedad del Museo del Prado. En depósito actual.
Si transcurrido un tiempo su enfermedad remitía se retiraban los amuletos.
En esta
época no existía la medicina.
Había
remedios basados en las plantas o los susodichos amuletos y talismanes.
El
empirismo estaba totalmente prohibido y se consideraba que las enfermedades las
enviaba Dios y curarse o no era cuestión suya. Si conseguías algún tratamiento
con flores y plantas, mejor que mejor
pero sino resultaba voluntad divina.
Existían
algunos elementos que bien podía haber sido útiles pero se desconocían sus
propiedades como es el caso del “pan de preñada” que era un bollo mohoso del
que comían una porción las mujeres en cinta. Lo que estaba injiriendo era
penicilina pero ellas lo desconocían. Solo sabían que evitaban la gravedad de
las infecciones post parto causadas por la falta de higiene. Se podrían haber
utilizado en otros casos.
En los Países Bajos protestantes, una pasta hecha con este moho penicilium, se untaba en las almorranas infectadas y prácticamente se curaban todas.
Este es
un resumen demasiado escueto sobre un tema tan complejo.
La gran
mortandad a causa de las enfermedades siguió produciéndose hasta el siglo XX y
hubo que esperar a los grandes descubrimientos científicos de mitad de siglo
para poder controlarla.
Natalia Horcajo Palomero. Archivo Español de Arte. Nº 288.
2. Retratos de infantes en el reinado de Felipe III y Margarita de Austria. Gema Cobo. UCM 2013.




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