miércoles, 20 de enero de 2021

LA FIESTA EN EL MADRID DE LOS SIGLOS XVI Y XVII.

  1.  

LA FIESTA EN MADRID DURANTE

LOS SIGLOS XVI Y XVII. (1)

 


La celebración en Madrid, como en otros sitios, era inseparable de la comida, la bebida, el baile y los juegos.

Existían fiestas privadas, públicas y religiosas.

La Villa se apresuró a celebrar todo aquello que era celebrable. Para ello todas las categorías sociales apartaban cantidades para las celebraciones.

El sentido de la fiesta era igual ahora y antes. La gente 
necesita divertirse.

LAS FIESTAS RELIGIOSAS Y/O CIVILES.

 Cuando la celebración fue la elección del patrón de los madrileños en 1621, el principal pagador fueron la iglesia y el concejo seguidos de los distintos gremios de comerciantes y fabricantes.

La Corona aportó grandes cantidades para los festejos

También pagó los toros que se traían desde Segovia solo para la lidia y costaban carísimos.

El gremio de plateros levantó un escenario en donde estuvo la fenecida Puerta alcarreña desde donde se entonaron loas a los distintos candidatos a titular religioso.

Los nobles con más alcurnia proveyeron de cerdos, corderos y vacas con lo que se hicieron grandes asados que se obsequiaban a la gente.

Se entregó la flor natural a la mejor loa a un santo a la que se presentaron Lope de Vega, Tirso  y todos los poetas locales que dieron recitales en los distintos tabladillos que se instalaron en las calles de la Villa.

 Los dramaturgos compusieron obritas en honor al santo elegido y se pusieron en escena pagadas por filantrópicos comerciantes, entre otros los del gremio de pañeros.

En la futura Pza. Mayor hubo una exposición-concurso con cuadros sobre los milagros y proezas de dichos patriarcas. Ganó el realizado por Alonso Cano.


Alonso Cano pintó este cuadro en que se relata el milagro de la 
recuperación del hijo de  Iván de Vargas, su amo que se había caído a un pozo.
El referido pozo es el que se encuentra en la iglesia de Santa María la Antigua, 
recientemente nombrada BIC.

Se presentaron a tal honor Isidro Merlo, un pastor mudéjar que en sus ratos libres arreglaba pozos; Santa Teresa de Jesús, una avileña de origen converso que había fundado un montón de conventos; San Eugenio que fue arzobispo de Toledo en época de Chindasvinto.

Aquí acaban los finalistas que fueron tres como en Masterchef.

Las celebraciones por la elección del santo patrón madrileño estuvieron a caballo entre lo religioso y los mundano.

Cuando Felipe II, en 1580, se hace, muy a su pesar, con el reino de Portugal, tras la muerte de su sobrino el rey Sebastián[1] se realizó una celebración, después de ordenado el desastre portugués algunos años después.

Hubo comilonas, bailes, reparto de botijillos[2], dulces, asados, bailes, juegos de cañas, de estafermos, panes, luminarias y fuegos artificiales y cualquier cosa que se pueda ocurrir,

Los comerciantes echaron el resto y decoraron las calles como la de la Platería, la Puerta de Guadalajara, la Plaza de la Villa, … y todo lo que hubiese menester.

Antes de esta puerta tan elegante hubo otras dos puertas de las que 
se conservaron los cubos junto al arco. Sucesivamente se fue arreglando y
mejorando. Esta rehabilitación es de Covarrubias que l a hizo a la
vez que la Puerta de Bisagra de Toledo.


La gente bailo y cantó disfrazada en lo que para el pueblo era la unión (deseada por muchos) de los reinos de Portugal y España.

El resultado de los dichos fuegos es que uno bien grande cayó sobre la Puerta de Guadalajara y su recién inaugurada reforma, reloj incluido.

Esta salió ardiendo por los cuatro costados siendo el final de la pobre puerta, tan fastuosa ella y tan arregladita por Covarrubias.

Pero no creáis que Felipe II se enfadó por haberle destrozado la pompa de la Villa y Corte pues era la mejor entrada al Madrid barroco. Le pareció estupendo porque “era de gran estorbo para las carretas y los coches” de manera que, se limpio el solar y aquí paz y después gloria.

Lo cierto es que dentro de la Puerta, los espacios que se habían destinado a las guarniciones se había destinado a tiendas que el concejo explotaba en alquiler.

Todo eso se perdió para ruina de los arrendatarios y merma del Ayuntamiento.



[1] La explicación a tan tremebunda historia la encontraréis más abajo en la batalla de Alcazarquivir.

[2] Los botijillos eran recipientes de barro en forma botellita pequeña, que se repartían entre las damas. Contenían refrescos como la hidromiel, mezcla de agua y miel con hielo y cascarillas de naranja o limón.

  Introducción:   Madrid, como ya sabréis, se origina en un punto sobre la terraza del Manzanares allá por el siglo IX, tras la toma del...