¿En donde se lavaba la ropa de los madrileños en
la Edad Moderna?
En las casas particulares o en los lavaderos.
En la Villa, los lavaderos podían se públicos, o
sea Bienes de Propios, y privados.
Los privados se alquilaban a las mujeres que
desarrollaban este oficio, uno de los pocos que ejercían con continuidad, para
que lavaran las ropas de sus clientes, la doblaran, plancharan
y entregaran.
los oficios “femeninos” desbordaron el ámbito familiar por
su gran demanda en la sociedad, lo que caracterizaba su pluralidad y
garantizaba una remuneración en especies o en metálico. Estos trabajos estaban
enmarcados en la denominada economía de improvisación a la cual las mujeres
estaban más adaptadas por su versatilidad .
Se atestigua la existencia de lavaderos privados
en el siglo XVII, pero se construyen los primeros lavaderos o bancas propiedad
de la Villa de Madrid, es decir que era de uso público.
Era muy bien valorada una buena lavandera, una buena criada, o niñera, cocinera, bordadora o costurera, ya que realizar bien al menos uno de los oficios aseguraba a la mujer un buen sueldo.
Durante el siglo XVI se hizo uso de esclavas con frecuencia,
a las que se añadían muchas libres. Ambas vivían en las instalaciones de la ropería,
tanto si eran casas particulares como instituciones, conventos y hospitales.
A partir de mediados de dicho siglo el Ayuntamiento
manifestaba su intención de que no
trabajasen las esclavas en las instalaciones hospitalarias y en el siglo
XVII ya no se las aceptaba alegando que eran difíciles de controlar, sobre todo
las negras.
La ropa se lavaba a diario en las casas con posibles y en
las instituciones sanitarias.
Para ello se reservaban puestos de lavado río abajo donde el
agua sucia corriera sin contaminar los fuentes de boca.
Pero esto no desanimaba a los vecinos a asegurar que las
lavanderas utilizaban las aguas de beber para lavar y no resultaba extraño que
se las multara.
Les convenía doblemente pues escapaban de las miradas
masculinas que pasaban el día embobados pues, con frecuencia la ropa que
llevaban puesta se mojaba y marcaba ciertas partes de su cuerpo por lo que el
Concejo las instaló alejadas de la Villa.
Para mejorar la labor de las estas mujeres, el ayuntamiento
construyó lavaderos públicos a las afueras de la ciudad. Estos eran gratuitos,
pero debía observar ciertas reglas como su higiene y orden.
La otra posibilidad era lavar en los ríos y arroyos, pero esto daba problemas pues el agua bajaba llena de espumas, lejías y otros desperdicios.
Los lavaderos, al igual que los baños, debían estar a las
afueras de la ciudad y aguas abajo para evitar ensuciar el agua. Bien es cierto
que en algunos lugares de mayor entidad y, por tanto, con mayores necesidades,
hubo particulares que construyeron lavaderos exigiendo un pago por su uso. La
infraestructura construida daba pie a utilizar el agua pública para hacer un
buen negocio con el agua pública pues la
cogían de las fuentes y era agua de boca no la que se usaba para el lavado que
era de mina o de arroyo.
La lana era un producto que necesitaba ser bien lavado para
su comercialización. Este trabajo se realizaba entre mayo y septiembre, periodo
de esquila del ganado ovino. Producía una
clara emigración de provincia en
provincia y constituía un complemento económico importante par las familias. A
este lapso de tiempo se le conocía como “temporada de lavaderos”.
Con toda seguridad hubo muchos lavaderos más además de los
que se instalaban ilegalmente en los arroyos o
en el río.
Me he limitado a estos tres por una cuestión de tiempo.
Fdo.: Carmen PORRAS PASAMONTES
Biblioigrafia:
Ø Paula
E. Rivasplata Varilla. INVESTIGACIONES HISTÓRICAS. ÉPOCA MODERNA Y
CONTEMPORÁNEA, nº. 38 (2018).
Ø Isabel
Gea Ortigas. Guía del Plano de Texeira. 2006.
Ø José
M. Castellanos Oñate. La fuente, los lavaderos y
el primer teatro de los Caños del Peral.
RRafael M. Girón Pascual. Lana sucia, lana limpia. Universidad de Granada 2019.
Imágenes:
Ø Wikipedia:
Wingaerde: el alcázar de Madrid.
Ø Plano
de Texeira: hojas 10, 14 y15.



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